SOBRE EL GLIFOSATO Y OTROS DEMONIOS - Clara Delgado
11694
post-template-default,single,single-post,postid-11694,single-format-standard,mkd-core-1.1,ajax_fade,page_not_loaded,,burst-ver-2.1, vertical_menu_with_scroll,smooth_scroll,blog_installed,wpb-js-composer js-comp-ver-5.5.2,vc_responsive
 

SOBRE EL GLIFOSATO Y OTROS DEMONIOS

Las alternativas planteadas dirigidas a brindar soluciones viables al problema del narcotráfico como la erradicación manual y la sustitución de cultivos, no funcionaron y el posible regreso a la fumigación con glifosato terminará por acabar con el ecosistema.

Colombia es el país del mundo con más hectáreas cultivadas de hoja de coca, 171.000Ha., según el Informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos –SIMCI- y el mayor productor de clorhidrato de cocaína del mundo; que el país lleve la delantera en el «ranking», es un tema al que hay que ponerle atención y tratar de verlo desde todas las aristas posibles. Muchos han sido los intentos por explicar el aumento desbordado en los cultivos; incluso se ha llegado a relacionar con el desarrollo de los diálogos de paz con las Farc- EP en La Habana (Cuba).

Desde la lógica de verlo de una manera integral y más allá de la afirmación sobre que «la guerra contra la cocaína está perdida», hay que ver que se perdió mucho más: hectáreas de bosque nativo devastadas (en el año 2016 7.995Ha con un aumento del 04% para el año 2017/8.301Ha.), con la consecuente pérdida de fauna que solo se encuentra en esas regiones; millones de metros cúbicos de agua contaminados con químicos utilizados en la producción de cocaína, miles de vidas de colombianos a manos de la violencia criminal que la droga genera y millares de víctimas del consumo.

Carlos Zorro Sánchez, en el año 2015, encontró que entre las diversas razones favorables, para el aumento del cultivo, estaban las condiciones de naturaleza de las tierras del país; la situación de pobreza y abandono del que adolece el campo colombiano, sobre el que tiene una deuda histórica el Estado; la avaricia de los «prósperos industriales narco»; la esperanza de los campesinos que la cultivan; la fluctuación política del país; la falta de políticas públicas coherentes sobre el tema; la forma de abordar el cultivo por parte de los países extranjeros y por supuesto los consumidores internos y los de la comunidad internacional (el mercado).

Esta realidad muy compleja que exige abordar al mismo tiempo todas las variables que intervienen en su construcción, proceso y mitigación. Las políticas públicas y los escenarios de intervención con los que se ha pretendido ponerle punto final a la siembra de hoja de coca y amapola, si bien se han transformado (mutado) en estos años, solamente han tenido en cuenta tres alternativas: la sustitución de cultivos (sin contar con la infraestructura adecuada), la erradicación voluntaria o forzosa y asperjar con glifosato; nada que le aplique a solucionar los problemas sociales de fondo o proteger la biodiversidad.

El glifosato es un tema denso, pues involucra la salud de los colombianos que viven en el campo. Muchas cuartillas y horas de investigación dan cuenta sobre los daños que causa este plaguicida en las personas, la fauna y la flora. Los resultados recopilados a lo largo de muchos años de estudios, confirman que el uso del glifosato, produce enfermedades en los seres humanos de tipo: dermatológico, respiratorio, cancerígeno, gastrointestinal, óseo y problemas de fecundidad, entre otros.

El glifosato, se utiliza para eliminar la maleza y actúa como herbicida integral de un espectro muy amplio (ácido utilizado en forma de sal, en el mercado se conoce regularmente como Roundup). Al ser utilizado contra los cultivos ilícitos afecta a los cultivos de pan coger, a la fauna, la flora y a los seres humanos. Pese a los esfuerzos de las compañías productoras del químico en demostrar que no tiene efectos nocivos para la salud humana o los ecosistemas, para Carolina Cox en el año de 1995 y Bárbara Dinham en 1998 el herbicida representa un alto riesgo para la salud y el medio ambiente. Es el químico que mata.

Ahí le dejo para que lo piensen…

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Cuervo, C. C. (2005). Tesis para optar al título de Magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional, UNIANDES, CIDER. Expectativas racionales y persistencia de los cultivos ilícitos de coca. Bogotá, Colombia UNIANDES-CIDER.

Dinham, Barbara. (1998). La resistencia a glifosato. En: Los pesticidas Noticias 41: 5, El Pesticidas Fideicomiso. Londres, Reino Unido: PAN-Europa.

Efectos del glifosato sobre la salud humana, Gloria Stella Aranda Camacho; Aura Valenzuela Herrera, Diana Milena García Rincón y Juan Ernesto Almeira Ospina Phd; Universidad Libre Seccional Socorro, Revista El Centauro No. 11. Año 8 Diciembre de 2016

Sánchez, C. Z. (2015). Algunos desafíos del desarrollo alternativo en Colombia. Pensamiento y Cultura, 105-132.

Ministerio de Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia MAVDT. (2010).Colombia Sostenible 70198. Bogotá: Global Footprint Network.

Clara Delgado
No Comments

Sorry, the comment form is closed at this time.